martes, 29 de junio de 2010

Frankenstein de Mary Shelley (De la literatura al cine)

Por: Paula Boano

En 1995 Francis Ford Coppola, luego de su exitoso trabajo como director en “Drácula”, comenzó con el proyecto de dirigir Frankenstein de Mary Shelley (libro escrito más de un siglo atrás), aunque luego dejó ese trabajo en manos de Kenneth Branagh, y se ocupó de la producción. Esta versión, además de ser la más fiel al texto original, fue la más “humana”. Si bien cuenta la misma historia, hace principal hincapié en los detalles más deplorables y monstruosos del hombre.

Tal como se cita (en off) a la autora al principio del film, ella narra: “Me propuse idear una historia que hablara de los misteriosos temores de nuestra naturaleza y despertara un terror escalofriante que hiciese que el lector temiera mirar a su alrededor, que helase la sangre y acelerase los latidos del corazón”. Sin dudas lo logra en su libro, aunque aún más efecto surte en la película, donde las excelentes actuaciones acompañadas por efectos de sonido siempre oportunamente aterradores logran el objetivo deseado por Shelley.

En el libro, Víctor Frankenstein, tiene motivos suficientes para ambicionar la manera de enfrentar a la muerte, ya que poco tiempo antes de su partida a la universidad, su madre fallece luego de una larga enfermedad. Sin embargo, Branagh no lo consideró tragedia suficiente para el joven, y en la película plasmó la muerte de su madre de una manera mas cruenta, sin aviso alguno y en pleno festejo familiar, la mujer luego de un desmayo pierde la vida en el parto de su último hijo.

No conforme con semejante shock, al llegar a Ingolstadt, Víctor se encuentra con una sociedad sucumbida en la miseria, y desesperada en busca de la cura para el cólera, que ya afectaba a la mayoría de ellos. En medio de ese drama, el único profesor en Ingolstadt que no consideraba tan descabelladas sus revolucionarias ideas (profesor Waldman), es asesinado. A su vez es ajusticiado el ciudadano asesino, al que la misma sociedad le quita la vida. Suceso que no está presente en el libro.

De esta manera, en la versión cinematográfica de Branagh, es mucho más evidente la infelicidad e indignación de Víctor, que lo sumerge en un profundo delirio de grandeza por la búsqueda de un avance en la medicina, con el que cree acercarse al poder de Dios. Como un nuevo agregado al relato de Mary Shelley, el film refleja el proceso en el que el estudiante atraviesa diversas etapas de prueba y estudia diferentes teorías que acercan al espectador al entendimiento del fenómeno posteriormente creado.

También es importante destacar que en la historia (tanto en el libro como en la película) hay una fuerte presencia de la moral de los seres humanos, que a través de dudas y cuestionamientos de parte de la criatura, llama a replantearse ciertos principios entre los hombres. Puede encontrarse en ello una cierta relación con las teorías de Nietzsche, en las que hablaba del hombre y el conocimiento, que conllevan sus delirios de creerse un ser superior, capaz hasta de concebir la idea de ser tan poderoso como Dios, o aún más. Sin dudas está presente también la cuestionable idea del bien y del mal, que hace que los sentimientos del espectador/lector cambien de manera continua a lo largo del libro/película.
No podía la historia culminar de otra manera que no fuera aumentando la tragedia que no cedió en el transcurso del film. Si bien es fiel al libro el hecho de que todos los seres queridos de Víctor fueron asesinados por la criatura, Branagh puso un condimento más áspero y desgarrador a la muerte de Elizabeth.

Ya desde el principio de la película, y a diferencia del libro, el romance entre Víctor y Elizabeth ocupa un lugar clave en la trama. Es así que, en el film, el giro se dio tomando como última pérdida para el joven médico, al ser más querido para él. En este caso, además, el asesino no prosiguió de la misma forma en que había asesinado a las anteriores víctimas (aunque si ocurre así en el texto de Shelley).

Tal como lo había prometido, la criatura se hizo presente en la luna de miel, quitándole la vida a Elizabeth de una manera sanguinaria, quitándole el corazón con su mano y desatando así en Víctor una locura guiada por la rabia, que no dio fin a la historia.
Branagh logró sostener y aumentar el nivel de brutalidad con que se desarrolló el film, sumergiendo nuevamente a Frankenstein en la obstinación, de la mano de un inmenso desequilibrio que lo lleva a someter los cadáveres de Justine y Elizabeth, con la idea de devolver a su esposa a la vida. Esto le da a la historia un toque más de estremecimiento que termina de atrapar al espectador.

Una de las críticas más comunes que recibió la adaptación al cine de la obra de Shelley, fue la falta de los recursos habituales del cine de terror tradicional. La principal diferencia radica en que el terror impuesto por sus creadores no es evidente únicamente en escenas de violencia, sino que la locura desmesurada con que Víctor lleva adelante su experimento, el cruce de sentimientos que luego se genera entre él y su criatura, o la pasión con la que intenta devolverle la vida a Elizabeth, van provocando en el espectador un terror que no sólo llega a través de las imágenes. El film plasma de manera ferviente los sentimientos de amor, odio, felicidad y tristeza que Shelley demuestra en su obra.

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