Hacía horas que caminaba por el borde de la carretera. Sentía que su cabeza estallaría con la furia de un volcán. Ya no soportaba el calor pero seguía caminando, con el saco marrón un poco roto, despeinado y muy confundido.
Podía sentir las piedras bajo sus pies descalzos pero no lograba comprender quién era y qué estaba allí. De a poco comenzó a oír ruidos que provenían del bosque ubicado al lado del camino. Al principio creyó que estaba volviéndose loco, hasta que se detuvo a escuchar con mayor atención: esos ruidos eran en realidad voces.
El hecho de p
ensar que no estaba solo lo alivió al principio. Pero si no estaba solo ¿Quién o qué era el emisor de esos sonidos? No tardó mucho más tiempo en averiguarlo, cuando volteó su mirada vio que una pequeña niña de ojos grises estaba justo en el medio de la carretera. Él no sabía qué hacer, tenía miedo pero su curiosidad fue tan fuerte que se animó a investigar qué ocurría.
Sin dejar de mirar fijamente a la niña que sonreía, caminó lentamente hacia atrás sin darle la espalda y se internó en el bosque. Allí dentro la oscuridad reinaba. Los árboles tan tupidos tenían las ramas entrelazadas, se unían en lo alto formando una cubierta que no permitía el paso de los rayos del sol.
Él comenzó a sentirse solo otra vez. Ya no escuchaba sonidos, más que el que hacen las hojas secas cuando las mueve el viento. Tenía calor y en su pecho una especie de presión que le provocó unas inmensas ganas de gritar. Ya no entendía por qué estaba tan lejos del lugar por el cual ingresó, o eso creía, cuando vio a la distancia un rayo de luz que se había intercalado entre los árboles.
Se le iluminó el corazón, se sintió libre pero cuando por fin se decidió a dar el primer paso escuchó un ruido estrepitoso a sus espaldas. Se animó a darse vuelta muy lentamente y al hacerlo visualizó a un grupo de personas, entre ellas a la niña de la carretera. Los individuos tenían una mirada oscura, vacía, fría… Él sintió que se desgarraba por dentro. Comenzaron a rodearlo y no lo pensó dos veces: comenzó a correr y detrás de él, todo ese grupo de personas lo perseguía destrozando todo a su paso para poder alcanzarlo. Ya no sentía calor, sólo tenía la sensación de que su velocidad no sería la suficiente para poder escapar.
Llegó al borde de unas rocas. Debajo una cascada lo esperaba impaciente. Miró hacia atrás, la gente de mirada vacía se acercaba velozmente. Miró hacia delante y sólo tenía que elegir entre saltar o dejarse caer.
Podía sentir las piedras bajo sus pies descalzos pero no lograba comprender quién era y qué estaba allí. De a poco comenzó a oír ruidos que provenían del bosque ubicado al lado del camino. Al principio creyó que estaba volviéndose loco, hasta que se detuvo a escuchar con mayor atención: esos ruidos eran en realidad voces.
El hecho de p
ensar que no estaba solo lo alivió al principio. Pero si no estaba solo ¿Quién o qué era el emisor de esos sonidos? No tardó mucho más tiempo en averiguarlo, cuando volteó su mirada vio que una pequeña niña de ojos grises estaba justo en el medio de la carretera. Él no sabía qué hacer, tenía miedo pero su curiosidad fue tan fuerte que se animó a investigar qué ocurría.Sin dejar de mirar fijamente a la niña que sonreía, caminó lentamente hacia atrás sin darle la espalda y se internó en el bosque. Allí dentro la oscuridad reinaba. Los árboles tan tupidos tenían las ramas entrelazadas, se unían en lo alto formando una cubierta que no permitía el paso de los rayos del sol.
Él comenzó a sentirse solo otra vez. Ya no escuchaba sonidos, más que el que hacen las hojas secas cuando las mueve el viento. Tenía calor y en su pecho una especie de presión que le provocó unas inmensas ganas de gritar. Ya no entendía por qué estaba tan lejos del lugar por el cual ingresó, o eso creía, cuando vio a la distancia un rayo de luz que se había intercalado entre los árboles.
Se le iluminó el corazón, se sintió libre pero cuando por fin se decidió a dar el primer paso escuchó un ruido estrepitoso a sus espaldas. Se animó a darse vuelta muy lentamente y al hacerlo visualizó a un grupo de personas, entre ellas a la niña de la carretera. Los individuos tenían una mirada oscura, vacía, fría… Él sintió que se desgarraba por dentro. Comenzaron a rodearlo y no lo pensó dos veces: comenzó a correr y detrás de él, todo ese grupo de personas lo perseguía destrozando todo a su paso para poder alcanzarlo. Ya no sentía calor, sólo tenía la sensación de que su velocidad no sería la suficiente para poder escapar.
Llegó al borde de unas rocas. Debajo una cascada lo esperaba impaciente. Miró hacia atrás, la gente de mirada vacía se acercaba velozmente. Miró hacia delante y sólo tenía que elegir entre saltar o dejarse caer.
Excelente texto amiga, no lo había leído nunca. Me gusta tu estilo porque es el que yo intento escribir también. Seguí por ese camino.
ResponderEliminarLo mejor, el final: simple, complejo y fugaz.
Gracias siempre por la buena onda y por leerme!!! Ahora espero leerte pronto a vos también... Dale con la escritura que con un par de textos más ya editamos el libro!
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